
La ciudad es un mundo cuando se ama a un habitante,
y mi planeta estalla, y tú alimentas soledades.
Mientras te busco en la otra orilla,
tú corres, borrando las huellas, huyendo por la avenida.
Suena a lo lejos la sirena de un coche de policía
que persigue mi cadáver, los restos del cuerpo que tú asesinas.
La ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante,
y mi planeta estalla, tú ya no eres el de antes.
Ya no ocupo tus miradas y vas cubriendo los huecos
de más y más distancias, tu sombra apenas se distingue a lo lejos.
¿Qué has hecho con los restos de feliz constancia?
Los mató el virus del tiempo, el mal de ausencia.
La ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante,
mi planeta estará deshabitado de ahora en adelante.
Trataré de convencerme: aquí sólo lo fugaz permanece.
Quizás me cubra una escarcha, una fría escarcha de muerte.
O quizás vaya a buscarte y te rapte diariamente,
para estar a tu lado, para estar a tu lado siempre.
La ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante,
y mi planeta estalla, y tú alimentas soledades.