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A veces bajan al Inframundo.

14 jul. 2009

Tantos días ausente, tantos días de muerte…


¿Qué es mejor, el abandono total, de golpe, seco, sin sangrar… o el ir dejando cada día un poco más de distancia, dejando gotas de sangre en cada paso que aleja los dos extremos del camino que nunca volverán a unirse?
No sabía que elegir, ambas opciones son malas o buenas. Ambas opciones son, al fin y al cabo, una decisión difícil.

Después de remover tierras de aquí abajo, decidí remover el cielo de allí arriba. Sí, lo hice de nuevo, me escapé por un tiempo, que ahora que veo, ha sido muy largo.
Supongo que a mí no se me ha pasado tan rápido cuando cada día pasaba con una lentitud pasmosa y sin nada de refugio y consuelo para mí.
Tenía que escaparme más lejos. Tenía que ver donde estaba el auténtico creador de los infiernos.
Me fui, pues, a la tierra de los infiernos de Dante, donde quizá tuviera que pasar las 7 pruebas para rescatar... el qué??? Él luchó por rescatar a su amor, pero, a quién tenía yo que rescatar y de qué? A mí mismo no era necesario rescatarme, ya no tenía salvación desde hacía demasiado tiempo y además, cada vez que estaba cerca de resarcirme, volvía a cometer estupideces que hacían que ningún pecado fuese perdonado.

Pero nunca partí del todo, dejé mis gotitas de sangre para seguir el camino. Hasta que no me quedó más. En algún momento de mi largo periplo, mi sangre se coaguló y se agotó de caer, sin más, sin sentido. Dejando un camino que nadie iba a seguir para encontrarme, pues nadie me estaba buscando.
Entonces, sin sentido y sin un rumbo que marcar a quien sabe, me dejé llevar. Me tumbé en la arena cálida, esa que hacía tiempo que no tocaba y sólo dejé de pensar. Durante no sé cuanto tiempo, la cabeza dejó la consciencia en algún lugar lejano y sólo fui. No sé si esto está bien dicho, sólo ser, pero al menos los sonidos agudos de mis Fantasmas, el batir de Alas de Mi Ángel y el chasquido infernal de las llamas de allá abajo, no llegaron a mis oídos.

Sentí Furia... Quise romperme, volver a hacerme en otro ser. No soy Penélope, yo no voy a esperar a Ulises eternamente tejiendo un telar que ni siquiera he empezado. Me agoté, en ese momento, de esperar... Quise romper todo y todos los lazos que me atan. Fue la Furia, pero sólo fue momentánea.

Pero no era factible, volví, caí y traté de encogerme tanto que no se me viera. Pero, todos aquí abajo tienen algún sexto sentido, que yo no he desarrollado, y me perciben incluso antes de que haya llegado. Y él, el maldito Ángel, también lo ha desarrollado; inmediatamente después de sentarme en la roca fría y dura (más fría ahora porque hacía tiempo que yo no me sentaba en ella) sentí su batir de alas. Nada podía hacer que no lo oyera, ni mis manos en mis oídos, ni los gritos de los Fantasmas; ni tan siquiera el penetrante y oloroso perfume que mi Flor trataba de esparcir por el ambiente. Era como el canto de las sirenas...

Y de nuevo, caí rendido. De nuevo, sonreí, tragué el orgullo que no sé manejar y caí.

Saludos desde el Inframundo.