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A veces bajan al Inframundo.

30 nov. 2008

La última estocada...

Duele, aquí, entre las costillas…
Duele, aquí, en los pulmones…
Duele, aquí, en donde no hay más que una dura coraza…
Duele…

Ya he roto otro folio más tratando de escribir algo más, pero no puedo. La última jugada sólo me ha dejado dolor.
El silencio duele, este último golpe me matará, seguro. Ha sido la última estocada, la puntilla final.

Saludos desde el Inframundo.

16 nov. 2008

El tiempo se va arrastrando.

Ya hace un mes que camino entre recuerdos, tratando de sembrar olvidos entre ellos. Hace casi un mes que guardé las semillas en el bolsillo, dejé aquí la primera y traté de comenzar a sembrar un gran jardín con flores de olvido, algo que dejase un gran aroma de novedades, de olvido, de días sin lluvia salada ni ácida.
El jardín no ha comenzado siquiera. No he encontrado ni un solo hueco libre entre los recuerdos. Todo está completamente repleto. Apenas sí me queda espacio para arrastrar los pies entre ellos. Apenas sí le queda espacio al tiempo para arrastrarse entre los recuerdos atemporales.
Camino lejos, muy lejos, para dejarlos atrás. Pero no importa cuan lejos vaya. En el lugar al que llegue, siempre vuelven a crecer nuevos; como si de mala hierba se tratase.
Y cuando ya, sin poder dar un paso más, porque el agotamiento no me lo permite, caigo y trato de dormir, de dejarme mecer por Morfeo; ellos penetran en mis sueños y dejan de ser recuerdos para convertirse en algo más nítido, algo tan tangible que casi es presente, algo tan doloroso que me hace despertar con el cuerpo amoratado. Duelen los recuerdos físicamente? Yo tenía entendido que no, pero últimamente no es así. Duelen y pesan como fardos.
Esas semillas del olvido morirán en mi bolsillo, puesto que no he encontrado el lugar donde soltarlas, y tampoco podré regarlas con miles de palabras que debí decir; con miles de secretos que no debí guardar. Morirán por las cosas que nunca te dije.

Mientras, voy dejando ver los granos de arena caer en el reloj que creía parado. Ya no hay minuto eterno, ya el tiempo pasa impasible. El tiempo ya no es mi amigo, se ha marchado con el resto de cosas.
El tiempo dejará unas semillas putrefactas en mis bolsillos, que en lugar de dejar crecer bellas flores del olvido, sólo darán lugar a malos olores del recuerdo. Y debido a ello, debido a que no puedo plantar esas semillas, te recordaré todos los días de mi vida, hasta que llegue un momento que no me duelas. Entonces, comenzaré a olvidarte, si la muerte se espera…

Saludos desde el Inframundo.