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A veces bajan al Inframundo.

16 oct. 2008

¿Que pasaría si te dijera que te quiero?

Nunca he dejado escritas palabras que gotearan de mi interior, no quería dejar que mis sentimientos ensuciasen el papel. Sólo he dejado aquí unas letras de un reino que nunca existirá y de un reinado malvado, pero mío, e imaginario.
Pero hoy, cuando ya no puedo dejar de pensar, quiero decirte que siento. Sé que no podrás saber nunca lo que te dejaré escrito aquí. Apenas conoces de mi existencia, apenas conoces de esta existencia inframundana (permítaseme el palabro), pero ya no puedo más.
Tengo que decírtelo, siempre presente de forma etérea, siempre alrededor de todas las cosas que me viven cada día. Y digo me viven, porque yo no las vivo a ellas. Desde hace mucho tiempo ya; casi ya no recuerdo cuanto (falso, recuerdo cada día desde ese día, aunque suene redundante) ya no vivo nada; los acontecimientos me viven por encima de mi piel, me pasan los segundos por el reloj del corazón, que sigue bombeando al compás de lo que tú me quieres regalar.
Mi tiempo se ha prestado tanto a tus respiraciones que sólo pasa cuando suspiras, que sólo suspiro cuando tu tiempo me pasa. Sólo tengo el tiempo que me regalas, el resto del tiempo es un minuto eterno, para que no se me haga tan largo esperar el siguiente intervalo que pasaré junto a tus ojos. Tiempo éste, frente a tus ojos, que se me hace tan corto y tan eterno su recuerdo…
¿Y qué ocurre si te digo que te quiero? ¿Qué ocurriría con ese tiempo que me regalas para que viva y no me vivan las cosas? Seguro que perdería los minutos de auténtica vida y dejaría de esperar ese minuto eterno. Supongo que entonces todos los días tendrían el mismo color, supongo que entonces sí me encerraría en algún lugar donde nadie me encontrase, para que nada me pudiese vivir y así, sin que nada tenga vida en mí, mirar sólo hacia la negra espalda del tiempo (Javier Marías dixit) y que nada más tenga sentido, que nada más ocurra.
Pero, supongo que es fácil escribírtelo, es fácil sentarse ante una hoja en blanco y dejar que todo se quede aquí reflejado. ¿Cómo sería ver reflejado esto en tus pupilas? ¿Se dilatarían de tal forma que no dejasen ver más que asombro? La carcajada, ante el amor estúpido e inhumano de alguien como yo seguro que sería un buen momento para ti. En ese momento, cuando el último hálito de risa se haya esfumado, es cuando se parará el reloj, caerán las agujas al suelo, el último grano de arena quedará soldado al cristal de la clepsidra y nunca más volverá nadie a girarla para que siga contando un tiempo que ya no me servirá de nada.
Aunque, también sé que ese tiempo que perderé me servirá para conseguir lo que deseo. Quiero dejar de quererte, puesto que no es bueno para mi alma (si es que tengo, que a veces llego a dudarlo, aunque, como he oído, 21 gramos de más en el aire y de menos en mí, si es así). Sólo quiero dejar de pensarte, sólo quiero dejar de soñarte, sólo quiero dejar de acariciarte en el aire, sólo quiero dejar de olerte en cada bocanada de aire perfumado que se cruza en mi camino con un poco de tu perfume robado, sólo quiero dejar de soñarte y dibujarte por las noches en mis sueños. Sólo quiero dejar de sentir el dolor de quererte, porque ahora ya he dejado de luchar contra mi mente, y sé que te quiero aunque no sé si te lo diré (y esto nunca lo leerás, seguro). Ya no es el momento, ya se me ha pasado la ilusión, ya he perdido las fuerzas para otra lucha perdida antes de iniciarla.
Y, sí, ahora sé que no podré decirlo, que las palabras se ahogarán en mi garganta cuando haya de gritarlas. Y ya no volveré a esa ciudad donde nunca me besas, ya no volverás a esa ciudad donde nunca te beso y ya no volveremos a esa ciudad donde nunca nos besamos. Entonces, ¿a quién entrego mis besos? Podridos, morirán sin salir de mis labios.

Pero he de decirlo, sólo quiero saber, ¿qué pasaría si te digo que te quiero? Supongo que el silencio entre los dos, el adiós definitivo y después… la nada. Tú habrás ganado, habrás oído lo que nunca quise decir, lo que siempre esperaste conseguir sólo para reír… Habrás conseguido que diga que te quiero.

Sólo una última cosa, recuérdame que nunca olvide que no debo de volver a quererte.


Saludos desde el Inframundo.

4 oct. 2008

Ha regresado...

Bueno, de nuevo, sin saber como, las puertas de mi antiguo Inframundo se han abierto.
Siempre quedará éste por si acaso, pero seguiré en el anterior, que es el que me recogió desde el principio.
Saludos desde los dos Inframundo.