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A veces bajan al Inframundo.

22 ene. 2011

Si puedo, para siempre jamás.


Y Thor cogió su martillo...

Así empecé a escribir algo en Septiembre. Y, déjame que mire, estamos en Enero, hemos cambiado de año y aún no he sido capaz de escribir nada. El ruido incesante de Mjölnir quizá no me dejaba pensar o simplemente era la pereza por alcanzar una cuerda que ya estaba ahí desde hacía tiempo.
No sé porque no la vi o porque no quise verla, pero estaba ahí.

Cuando el dolor ajeno me abofeteó en la cara como un punzón de hielo, entonces me di cuenta que no está bien hacer de tus penas tu cobijo. Que hay dolores peores que el de haber perdido un gran salto o el de no haber sabido ver el precipicio cuando se abría a mis pies.
Decidí asirme a la cuerda, subir e ir escalando. Y salí de ese agujero en el que me metí.

Estoy arriba. En mi mano sujeto con fuerza la cuerda que me rescató y empiezan a amoratarse mis dedos de la resistencia que hago. No sé si pienso que si la suelto me caeré, pero ya estoy en tierra firme. Lo peor del caso es que veo que empieza a deshilacharse y está convirtiéndose en dos hebras. No puedo tomar las dos y he de elegir.
Me gusta la hebra inicial, la que hacía una soga fuerte y resistente; pero la veo más débil, más difícil de seguir hasta el final de su extensión.
Sin embargo, la nueva hebra que está surgiendo de sujetarla, tiene nuevos bríos. No quiero hacerme ideas erróneas y creer que esa débil hebra pueda salvarme de volver a caer.

Lo que está claro es que ya no estoy abajo. He salido. Y prometo quedarme aquí durante mucho tiempo.

Si puedo, para siempre jamás.

Saludos desde el Inframundo.

P.S.: Prometo visitar mis blogs olvidados, sé que os debo a todos una visita. Perdón por el retraso tan extenso.